Vine al parque a tomar sol con mi tristeza.
Café, medialuna y el cantar de dos cotorras.
El viento empuja hojas y recuerdos.
Desembocan en mi pecho corrientes de lo ordinario.
Mi lavarropas, su cama, y un par de zapatos.
Autobuses, pasan sin llegar.
Gatos, bailando de madrugada en mi vajillero.
Los maullidos, música adornando su presencia;
y el silencio, su partida.
La brisa se cuela por hendiduras en mi piel,
siento que llevo medias mojadas.
El sol subió en un bus que siempre va,
sin despedirse su nariz de mi frente.
Ahora me abrigo en canciones de amor propio,
como esperando ser absuelto.
El crimen: un incendio
que apago a pies desnudos.
¡Maldita baldosa floja que me salpica su mirada!
Se me rehúsa el corazón, recordando su perfume.
Su caligrafía en mi espalda.
Mis manos devotas de su cintura.
Y el vendaval sopla mi memoria.
Termino en un parque.
Café sin medialuna,
cotorra en silencio.

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